Muchas son las leyendas
que se han tejido en torno al origen del ajedrez y distintos los países a que
se atribuyen su procedencia; hoy se cree que el ajedrez procede de la India (200-700
EC) con el nombre de chatrng,
y que su creador los ideó para entretener al rey, a quien le pidió como
recompensa un grano de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro
por la tercera hasta cubrir las 64 de que consta el tablero. Resultaba que
hecho el cálculo se descubrió que los graneros del imperio de 16.384 ciudades
de 4.080 ganaderos no hubieran bastado para contener la cantidad de trigo
perdida, pues equivalía a un cubo de más de un kilómetro de lado. También se
cree que el inventor fue el Griego Palamedes,
que lo invento durante el sitio de Troya, para distraer a los guerreros durante
los días de inacción. Los árabes lo aprendieron de los persas con el nombre de as-satrany y lo enseñaron a su vez a
los españoles. El primer experto del ajedrez fue el árabe al-Dali. A España cabe, pues, la honra
de haber introducido el noble juego a Europa y de ser cuna del su primer
teórico del ajedrez, Ruy López, creador de una famosa apertura quien escribió
un Libro de la Invención
liberal y arte del juego de Ajedrez. En América se difundió
rápidamente, y el general José de San Martín lo jugaba entre batalla y batalla,
mientras iba liberando países.
Entre los grandes maestro del ajedrez se
destacan los nombres de Andersen, Steinitz, Lasker, Capablanca, Max Euwe,
Alekhine, Botvinik, Smyslov, Tal, Petrosian, Spassky y Fischer. España y
America se han caracterizado por sus niños prodigos como el Cubano Capablanca,
que a los 11 años ya había conquistado el campeonato de Cuba; el español Arturo
Pomar, el chileno Rodrigo Flores, Miguel Naydorf, Erico Eliskases y Gedeón Stanhlberg.
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