
Es
difícil definir qué es el ajedrez ya que tiene muchas facetas, es deporte,
juego, ciencia, arte, cultura, educación. Todas sus facetas nos sirven para
nuestros objetivos académicos- pedagógicos.
Enseñar
a pensar es la finalidad básica de la pedagogía y de todos los buenos sistemas
de enseñanza. El ajedrez es un medio ideal para la concreción de estos
objetivos.
El ajedrez es para los niños un entretenimiento noble del intelecto, un objeto
cultural, una ciencia con innumerables facetas por descubrir, un instrumento
eficaz en la educación de la personalidad. Tiene un enorme potencial educativo y formativo puede actuar como canalizador de un importante
número de aspectos de carácter psicológico, de formación de la personalidad. Ya
desde que comienza a mover las piezas el niño casi sin darse cuenta comienza a
pensar, a captar ideas.
La
práctica del ajedrez ayuda considerablemente en el proceso evolutivo mental del
niño. Aumenta la capacidad de cálculo. Desarrolla el razonamiento lógico.
Estimula la imaginación creadora, fortalece la concentración mental. Contribuye
notablemente a formar el espíritu de investigación y de inventiva. Activa el
dinamismo de la memoria. Despierta y agudiza el sentido crítico. Crea hábitos
positivos en la esfera del pensamiento: disciplina mental, razonamiento,
memoria, investigación, análisis, síntesis.
Las
investigaciones demuestran que el ajedrez mejora la creatividad, el éxito
académico, la resolución de problemas, que ayuda al enriquecimiento cultural,
que su enseñanza metodológica incrementa el coeficiente intelectual en los
niños y niñas de cualquier nivel socio económico.
El ajedrez es un factor importante en la formación de la voluntad infantil.
El ajedrez es un factor importante en la formación de la voluntad infantil.
Impone
al niño una disciplina atractiva y agradable. El niño descubre su capacidad
para resolver por sí mismo una determinada situación en el tablero, adquiere un
comienzo de confianza en sus propias fuerzas. Lo ayuda a asumir actitudes
propias y lo estimula sobremanera para otras tentativas. Enseña a controlar los
impulsos, a no tomar decisiones apresuradas, a pensar antes de hacer las cosas.
El ajedrez templa el espíritu, hace que el niño llegue a
Entender
que su trabajo es productivo aun cuando pierda. Le ayuda a entender los
conceptos de voluntad y constancia. La competencia del juego se convierte en
algo positivo, en un afán de superación personal.
El
ajedrez facilita la formación de actitudes positivas, mejora
la autoestima,
ejercita la habilidad para la gestión del tiempo, ayuda a la planificación.
Ayuda a enfocar la atención de los niños y muestra que el estudio y el duro
trabajo mental conducen a la mejora y al éxito. Enseña a ser más preciso en las
propias autoevaluaciones y de esta manera les permite controlar sus propios
progresos y marcarse metas.

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